A medida que nos preparamos para la temporada de cruceros por el Caribe colombiano, nos enfrentamos a la reputación de “turismo de masas” del sector. Con demasiada frecuencia, las escalas de los cruceros se convierten en un amasijo de visitas rápidas a monumentos y compras de souvenirs, dejando poco para las economías locales o las conexiones auténticas. En Impulse Travel, vemos esto como una invitación a hacer algo diferente. Algo que beneficie tanto a los viajeros como a las comunidades.
Redefinir el lujo en el turismo de cruceros. Los pasajeros de cruceros merecen algo más que un check-in exprés y visitas turísticas superficiales. Creemos que el verdadero lujo está en el acceso. El acceso a experiencias inmersivas, el acceso a voces que no escuchará en una excursión convencional, el acceso a historias que se llevará a casa. Por eso hemos diseñado “Cruceros Conscientes en Colombia”, para tejer momentos de inmersión impulsados por la comunidad en cada escala portuaria.
Impacto de la temporada pasada: Números con corazón.
- 223 viajeros colaboraron directamente con guías locales, pequeñas empresas y proyectos comunitarios.
- Los visitantes compraron artesanía directamente a los artesanos y degustaron sabores regionales. Estos iban desde frutas exóticas a cafés especiales, impulsando las microempresas a cada paso.
- Los huéspedes participaron en talleres prácticos en ecosistemas naturales, plantando manglares o aprendiendo técnicas tradicionales de tejido.
No son sólo cifras. Son la prueba de que el turismo responsable puede prosperar junto a las operaciones de cruceros, canalizando los ingresos y el respeto directamente a manos locales.
Poner el dinero del turismo donde debe estar.
- Compras artesanales directas. Permitir a los fabricantes fijar sus propios precios.
- Gastronomía local. Compramos cada taza de café y cada tentempié a los empresarios del barrio.
- Proyectos comunitarios. Los viajeros se unen a iniciativas de conservación y consolidación de la paz, convirtiendo las visitas en cambios positivos.
Sólo en Cartagena -donde la temporada pasada llegaron más de 500.000 cruceristas- nuestras experiencias comunitarias desviaron el gasto de las cadenas de souvenirs habituales a iniciativas de base. Ese es el tipo de fuga que diseñamos.
Lo que viene ahora: Subiendo la vara para el 2026
- Cero plástico de un solo uso. Sustituiremos todas las botellas desechables por vidrio reusable y nos asociaremos con recicladores de primera calidad.
- Inmersión en el mercado. Los huéspedes recorrerán bulliciosos mercados, regateando con los vendedores y descubriendo la vida cotidiana colombiana.
- Talleres de artesanía. Los viajeros aprenderán a teñir, tallar o tejer junto a maestros, en lugar de observar desde la barrera.
Música y danza en directo. Desde los ritmos callejeros de Getsemaní hasta los círculos de tambores de La Boquilla, estamos abriendo las puertas a intercambios culturales interactivos.
Un llamamiento a los operadores de cruceros y a los viajeros.
Etiquetar a los cruceros de “malvados” no hará avanzar los viajes sostenibles. Sólo aleja a posibles aliados. El sector de los cruceros es colosal y está aquí para quedarse. Nuestra misión es conocer a los pasajeros allí donde están, comprender sus necesidades e infundir en cada itinerario prácticas responsables y regenerativas. Junto con las autoridades portuarias, los operadores de buques y las comunidades de agentes del cambio, podemos transformar las paradas fugaces en momentos de auténtica conexión. Momentos que beneficien a los viajeros y, lo que es más importante, a las personas y los lugares que visitan.





